Aquí está el [matacho] de la felicidad

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Contratación merece un lugar privilegiado en la historia de Santander y Colombia, por ser y haber sido refugio para miles de personas enfermas, desarraigadas y estigmatizadas, por ser un terruño dispuesto a la sanidad, a la recuperación y a la resistencia.

Qué jijuepuerca dignidad la de este pueblo comunero, que en años aciagos vivieron el rechazo y el encierro.

A inicios del siglo 20 Contrata era un Lazareto, un lugar de muertos vivientes; miles de leprosos provenientes del país eran abandonados en esta zona a la que nadie podía entrar y nadie podía salir, no tenían derechos civiles, vivían como en una permanente pandemia con policía y ejército vigilante.

Como pa que calculen, hay quienes se atreven a compararlo con un campo de concentración Nazi. Hay registros que cuentan hasta 15 mil enfermos en Contrata.

Uno de los capítulos más tristes de la historia de este terruño relata que a todas las mujeres que tenían hijos en el lazareto se los quitaban, a los chinos los mandaban pa Guacamayo y las niñas iban a templar a Guadalupe, poblaciones aledañas que tenían asilos en los que curas y monjas los criaban y sacaban adelante hasta cumplir la mayoría de edad.

Muchos de esos chuequecitos nunca conocieron a su familia, ni siquiera sabían que tenían taitas.

En este camino, que llaman la calle de los suspiros, las familias lloraban y suspiraban por sus chinitos que eran llevados montaña arriba.

Era tanta la vaina y aislamiento que los habitantes del lazareto tenían su propia cédula y cargaban monedas de uso exclusivo para los lugareños, autorizadas por el Gobierno Nacional.

En los años 60, cuando el lazareto se convirtió en pueblo y dejó de ser una cárcel, hubo una jurrusca que duró 15 días, día tras día, noche tras noche hubo tragacina, bebeta y jolgorio.

La gente de Contrata está hecha de una madera distinta, lograron sobreponerse a todas esas adversidades, algunos maman gallo y se ríen de las penurias del ayer y disfrutan la vida en el pueblo que levantaron en medio de bonitas montañas. Venga les muestro cómo se ve allá arriba en aquel alto.

La historia del matacho, cuentan sus habitantes, fue hace más de un siglo, donde el capitán Segreda, un personaje que era mago, malabarista, Titiritero y hasta cuentero, trajo alegría con su circo a los olvidados habitantes del lazareto. Como lo dije antes, a Contrata nadie entraba, nadie salía y nadie entiende cómo es que un circo en el pueblo se encontraba.

Al pasar los días, cuando el capitán Segreda empezó a desmontar el circo pa seguir su camino, los contrateños no lo dejaron ir, pues con sus actos habían conocido la felicidad y querían que la alegría no se fuera del pueblo.

Viendo que la joda de la vaina se puso color de hormiga, el mago se inventó un conjuro con uno de sus títeres, abrió un hueco, enterró el muñeco y le puso una piedra encima con unas marcas, gritó unas palabras mágicas y les dijo a los presentes que con ese entierro la alegría iba a permanecer en el pueblo y que todo aquel que pisara tierra contrateña tendría que regresar. Así los embolató.

Este acto se pasó de boca en boca y de generación en generación, pero nadie sabía si el cuento era cierto, se convirtió en un mito local.

En el 2011 renovaron el parque de Contrata y la expectativa de los habitantes era alta, querían ver si el entierro era cierto, pero había una maldición que decía que aquel que desenterrara el matacho moriría de forma catastrófica, por eso convocaron al biznieto del Capitán Segreda quien por línea generacional era el único que podía sacar al muñeco y entonces los contrateños supieron que el mito era real, en una molla de barro estaba el matacho de la felicidad.

Lo más arrecho es que a las pocas horas el muñeco desapareció como por arte de magia y los habitantes sorprendidos porque la historia era cierta y preocupados porque el conjuro se había roto al desenterrar el títere, decidieron hacer una convocatoria para elegir a través de voto popular a un personaje que representara la alegría del pueblo.

Eligieron a Chemita, un matachito que hicieron en honor a Che María, un habitante alegre que vivió en Contratación desde los 7 años, cuando sus familiares lo llevaron y dejaron en el asilo para niños con lepra.

Y así fue que los contrateños enterraron a Chemita en 2011, en reemplazo del títere robado, para que la alegría permanezca y todo el que pise tierra contrateña tenga que regresar.

Que cerquitíca están la alegría y la tristeza, en Contrata sus habitantes sepultaron la tragedia e hicieron florecer la felicidad, pienso que por eso sus casas no son blancas, sino de colores vivos y alegres.

Las comunidades religiosas de los salesianos están en un alto pedestal por el acompañamiento que fue determinante para ayudar a aliviar las aflicciones del alma y ofrecer refugio material y espiritual a los enfermos.

Cuando salí de Contrata miré al pueblo a lo lejos y me sobrecogió una extraña sensación de querer volver pronto, sin necesidad de un conjuro de matacho.

Mano si usted va a Contratación déjese contagiar por la tremenda amabilidad de su gente, del ardiente deseo de seguir siempre adelante, del amor que tienen por su pueblo y de la dignidad que los hace caminar con la frente en alto.

“…las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”
‭‭2 Corintios‬ ‭5‬:‭17‬ ‭

¡Mucha Belleza, Mano!